RACIONALISMO Y ESPIRITUALIDAD EN EL SÍMBOLO DEL G.·.A.·.D.·.U.·.

Primera Reflexión

 

La invocación al G.·.A.·.D.·.U.·. de la Masonería pretende aunar razón y espíritu, no desligando la una del otro, sino complementándolos; razón y espíritu conviven en una comunión armónica que no desdeña ninguna dimensión de la persona; toma al ser humano como un todo inseparable de su razón e inseparable de su espíritu.

Desde los primeros pensadores griegos hasta nuestros días, el racionalismo ha estado, con diversos matices, presente en la Historia del Pensamiento humano. Este racionalismo lleva a considerar, en el sentido más amplio, la razón como la capacidad de entendimiento, de poder conocer las cosas, que posee el ser humano. Esta capacidad de conocimiento es su especificidad, lo que lo diferencia del resto de las criaturas que pueblan el Universo.

Pero también, a lo largo de la Historia de la Humanidad, la espiritualidad ha estado presente en la vida de las personas. La espiritualidad no entendida como religiosidad, que no deja de ser una canalización de ésta, una construcción social y cultural que, además, es vehículo de dominio, poder y control sobre las fuerzas sociales que se generan en las sociedades humanas, sino la espiritualidad concebida como esa sensación de trascendencia de lo material, de la vida y de la muerte; esa experiencia de estados superiores de la conciencia, inefables y determinantes en la vida de quienes los viven; ese “otro algo” que todos sentimos y que la ciencia localiza en el sistema límbico de nuestro cerebro.

En el símbolo del G.·.A.·.D.·.U.·. se aúnan ambos sentidos. Alude a un máximo, por Gran; alude a un principio activo que proyecta una realidad, que la diseña para luego construirse, por Arquitecto; alude a la realidad que nos rodea en toda su infinitud y dimensiones, por Universo. Cada término con mil matices y dimensiones.

Gran Arquitecto del Universo.

gadu   Esta invocación que no se identifica con ningún ser, concreto o ideal, es un término abierto al conocimiento y a la sensibilidad de quien lo nombra, lo siente, lo piensa o lo vive; abierto a cada individualidad que lo contempla resplandeciente en el Oriente, donde se inicia el día y, con la luz, la vida y la realidad. El mundo.

Perfectamente puede ser Dios, como señor de la creación y adorado por distintas religiones; o puede ser pura energía conformadora del orden; o puede ser una forma de nombrar la ignorancia humana sobre la formación y la existencia del Universo y de la humanidad misma; o puede ser pura evolución natural; o puede ser…

No obliga a creer en nada que no veamos, que no entendamos, que no pensemos; ni obliga al acto de fe, que o bien es otorgada y, por tanto, ajena a nuestra voluntad; o bien es buscada y alimentada conscientemente sin seguridad de alcanzarla. Pero tampoco cierra la puerta a que creamos o a que tengamos fe. No dice nada sobre ello.

El G.·.A.·.D.·.U.·. es racional porque llama a la reflexión; nos hace interrogarnos, a cada uno individualmente, sobre su significado; nos hace preguntarnos qué es, qué encierra, que nos explica. En definitiva, nos lanza al camino del pensamiento, de la investigación y el conocimiento sobre su existencia y sobre la nuestra, nos muestra la senda de desentrañar lo que esconde desde la razón.

Pero el G.·.A.·.D.·.U.·. también es espiritualidad. Nos induce a reconocer la sensación de trascendernos a nosotros mismos en él; con él, parte la tradición y nosotros la mantenemos viva para quienes vienen tras nosotros. Nos hace cuestionarnos nuestra existencia y cómo vivir una buena vida. Nos muestra lo material y “lo que hay detrás de las apariencias”.

En definitiva, el G.·.A.·.D.·.U.·. nos hace cuestionarnos desde la razón y desde el espíritu nuestra existencia, el sentido de nuestro ser y de nuestro estar; nos hace partícipes de la “creación” puesto que el Universo es un proyecto de orden en el caos, una obra inacabada a la que tenemos que contribuir con nuestro esfuerzo. Nos invita a la reflexión desde nuestro interior y desde nuestro exterior, desde nuestro espíritu y desde nuestra materia, al papel que los seres humanos desarrollamos en la existencia de la Vida.

El G.·.A.·.D.·.U.·. es el universal que todo lo engloba, pues en él tienen cabida todas las tradiciones religioso-filosóficas ya que puede absorber las características de sus principios; no los contradice porque es abierto, al contrario que ellas, cerradas y conclusas.

Y también el G.·.A.·.D.·.U.·. es el universal racional, que despojado de la visión espiritual de los individuos atrae al conocimiento de la realidad, a la reflexión de lo que acontece, para conocer el mundo y así continuar la obra inacabada.

En definitiva, el G.·.A.·.D.·.U.·. es el universal del pensamiento y sentimiento profundos que comparte la Humanidad, todas las culturas, todas las tradiciones, toda la espiritual creada por las distintas agrupaciones humanas, desde las tribus paleolíticas hasta la sociedad global (?) actual. Nos interroga desde nuestro sentir más profundo y desde nuestra capacidad de conocimiento más elevada y científica. Es el referente universal que nos mantiene conscientes de la trascendencia de la Vida, no sólo de la persona, del individuo, del grupo, sino de la existencia de todo ser.

 

 

Segunda Reflexión

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) tal y como se practica en la Gran Logia Simbólica Española (GLSE), de acuerdo con el Supremo Consejo Masónico de España del grado 33 (reconocido, Ginebra 1977), ha superado hoy el dilema de espiritualistas y materialistas, tradicionalistas y modernistas, neoplatónicos y epicúreos, en su trabajo fraternal en Logia, porque propone una definición filosofista y abierta del simbolismo del Rito.

La Gran Logia Simbólica Española no es espiritualista ni tampoco lo contrario. El sentido del símbolo del Gran Arquitecto del Universo es, en el REAA que practica la GLSE, un concepto proforma, es decir un concepto incoado pero no concluso, en el que se dejan abiertas posibilidades que han de ser cerradas por cada iniciado. En este sentido, la Gran Logia Simbólica Española es una Obediencia que está abierta a los espiritualistas, y a las personas que profesan una fe determinada, pero está igual de abierta a los hombres y mujeres que hacen una opción agnóstica o atea, arraigada en una ética estrictamente humanista. Exige, de unos y otros, una fraternidad co-implicante con el Otro.

Un concepto proforma, análogamente a un contrato proforma, es un concepto, abierto, incompleto, definido funcionalmente pero pendiente de concretar definitivamente y/o al que le falta algún dato, y que sin embargo goza de validez en aquella parte que se ha convenido a la espera de la opción con la que cada uno “cierre” el concepto, provisional o definitivamente.

La clave de bóveda del sentido que adquiere el simbolismo del Gran Arquitecto del  Universo, y todos los símbolos del ritual masónico en la GLSE, es la vocación filosófica —más aún, filosofista— de nuestra tradición. Filosófica en una sentido no académico sino socrático y existencial.

La GLSE no es ni una iglesia secreta, gnóstica o neoplatónica, ni tampoco una liga laicista, un ateneo librepensador o un club republicano, aunque puede haber hermanos y hermanas que interpreten su compromiso masónico en esos términos. La GLSE es una tradición iniciática, en la que iniciático no tiene ningún significado mágico sino que responde a un entendimiento filosófico y existencial, una iniciación que invita a cada masón a hacerse cargo de sí mismo de aquella manera que él o ella entiende que mejor corresponde a su propia originalidad.

A partir de esa posición, la Masonería conecta y relaciona, en el seno de las logias de la GLSE, a personas de muy diferentes horizontes ideológicos, políticos o biográficos, permitiendo que la logia sea, en efecto, el centro de la unión de aquello que está disperso.

¿Por qué el GADU no es necesariamente sinónimo de Dios?

Si todas las palabras están amenazadas de equívocos —Patria, Libertad, Progreso, Felicidad—DIOS lo está en grado sumo y admite muy diferentes aproximaciones y respuestas, según el punto de vista: teológico, filosófico, cultural, histórico, sociológico, existencial, devocional…, en la cuestión del ser de Dios se implica también la cuestión del ser del  Hombre, de ahí que para evitar esa contaminación cultural y política del término la masonería trabaja el símbolo abierto del Gran Arquitecto del Universo, que bien podría ser el Gran Archi-Texto del universo o la escritura invisible del mundo de la que hablaba Arthur Koestler, la “G” de génesis o de generación, que evoca la Natura Naturans, o el Deus sive Natura de Spinoza.

En lo social Dios se confunde con sus representantes, es decir con las religiones organizadas e institucionalizadas que se encuentran en manifiesta crisis. La sociedad moderna y post-moderna en Occidente no reserva un gran papel político para Dios y a las religiones —salvo en los países islámicos que viven en otro tiempo histórico—, en este tiempo de secularización, post-moderno, post-comunista, post-cristiano, de verdades líquidas y de instituciones licuadas las religiones se hacen sociedad civil y gestionan “verdades privadas” que se interiorizan y personalizan.

En ese sentido el valor social de Dios se identifica con el valor de la conciencia individual, y por otro lado con lo cultural —lo cultual es a la postre cultural— tradicional, consuetudinario, con cierta validez  parcial y societaria, pero excluido del ámbito de la representación política y del lenguaje parlamentario.

La Religión revela, y al mismo tiempo oscurece, la experiencia de Dios, que, seguramente, seguirá siendo para muchos la respuesta definitiva a la pregunta existencial del hombre “¿Quién soy yo y qué será de mi?” (Julián Marías) pregunta que admite respuestas antagónicas, pero que de una manera o de otra,  estamos obligados a respondernos, cualquiera que sea nuestra respuesta.

La Masonería no nos da respuestas pero nos invita a una actitud: la apertura.

 

Tercera Reflexión

Sabemos bien la importancia que tiene la Tradición en nuestra Orden, el conjunto de elementos de los que nos nutrimos. Pero la importancia de los materiales no nos absuelve de reelaborarlos constantemente para que sin esclavitud ni letras muertas podamos proseguir en el camino a la Libertad. Bajo esta premisa se funda lo que se dice a continuación.

Delta Manuel IradierEl símbolo del Gran Arquitecto, el supremo de la Masonería (a decir de Jules Boucher en su tratado clásico sobre La Symbolique Maçonique) tiene una íntima relación con la letra G del Delta y pueden ser someramente analizados de forma conjunta.

Lo primero que parece pertinente señalar es el origen cristiano de ambos símbolos. La figura de un Gran Arquitecto hacedor del Cosmos, del cielo y de la tierra,  el Dios cosmológico en definitiva,  aparece pronto en la más temprana patrística como una readecuación del motor primero que aparece en los textos de Aristóteles. Posteriormente será usado profusamente en las cinco vías para demostrar la  existencia de Dios de Santo Tomás (sobre todo en las dos primeras, causa de todo movimiento, causa eficiente primera). Y la letra G, incorporada tardíamente a los Rituales  (posterior a 1737, según Jules Boucher, es decir, más tarde incluso que la leyenda hirámica o el grado de Maestro), con su significado de God (Dios) o Geometry, resultan también atributos del Dios cristiano tradicional.

¿Qué nos importa a nosotros, masones contemporáneos, del siglo XXI, la concepción tradicional del Dios cosmológico?  Es sabido que las Constituciones de Anderson previenen contra “el ateo estúpido o el libertino irreligioso” y que la exigencia ha cambiado, digamos que no poco, desde la resolución del Convento del Gran Oriente de Francia de 1877. Pero aún más ¿qué importancia tiene para un hombre contemporáneo, no ya un masón, el Dios cosmológico?

Por tal, se entiende al Dios signo y fuente del orden natural, de modo que el mundo aparece como ser divino, en su unidad y multiplicidad. Dios se identifica así con el orden y el despliegue de la Naturaleza, de la physis, y el papel del hombre se limita, en esta concepción, a descubrir su significado, su mecánica, a fundirse con ese principio (arjé) divino que rige una obra supuestamente buena y perfecta.

Desde el nacimiento de la conciencia moderna, individual, con el Renacimiento, la Reforma y el pensamiento cartesiano y analítico, en definitiva, tras dejar atrás la Edad Media, no es éste el aspecto de Dios que más interesa al hombre. El hombre ya no busca insertarse en un cosmos divinizado, acomodarse a él, como los antiguos griegos o los escolásticos medievales, sino saber qué pasará con él, con su vida individual, única, misteriosamente irrepetible. No le importa el cosmos, puesto que asume, sabe y entiende que él es el Cosmos.

Nosotros, masones, nos identificamos con esa concepción moderna, que arranca del fin de la Edad Media, y debemos contestar a la pregunta desde la óptica moderna y contemporánea, porque nos alineamos plenamente con el presupuesto básico de la Modernidad; la Libertad es un a priori, es nuestra Identidad radical antes de toda especulación posterior.

Partiendo de estas consideraciones, parece del todo punto imposible determinar o solucionar la posible existencia de Dios en un sentido u otro, sencillamente porque Dios,  de existir,  excede la sustancia o esencia de nuestra racionalidad y nuestra experiencia en el mundo. Porque tanto se puede argüir, en otro plano, que siendo el mundo, el cosmos, bueno, no necesita, precisamente por eso, la hipótesis de una divinidad, como sostener que la misma bondad del mundo presupone un sostén divino. Y si se asume que el cosmos es deficiente podremos sostener con igual incertidumbre que tal mundo perverso demuestra la no existencia de un Dios bueno como que la maldad del mundo exige en términos de justicia el contrapeso de un Dios justo.

Dios El Jueves A fin de cuentas, en términos contemporáneos, y es la segunda idea, el Dios personal es una apuesta de cada ser humano, o como cita un amigo, Dios existe para quien lo necesita, para quien apuesta por él. En otros términos cada uno decidirá si Dios (“Id quo maius nihil cogitari potest”, “Aquello mayor que lo cual nada podemos pensar”, en frase muy feliz de Anselmo de Canterbury) es una apuesta razonable o no.

Y vamos a referir una de esas apuestas, o las razones que llevan a algunos para hacerla, en términos de justicia, para intentar mostrar porqué no puede confundirse Dios, la espiritualidad trascendente, no inmanente, con la Masonería.

La apuesta se refiere a la Justicia.  Reclamar la existencia de Dios como un postulado, un ideal, una exigencia ética, de justicia. Dios como exigencia de las víctimas de la Historia, de la voz no vana de los sacrificados, de los expulsados del Sistema vital y social, que claman contra el mal de la Historia.

De otra manera, Dios como postulado de una protesta de la Historia y como opción de futuro, puesto que si Él ha querido correr el riesgo de crear (suscitar) la Humanidad en un entorno conflictivo, en lo que ciertamente se puede llamar la máquina de picar carne que es la vida consciente y racional de lo Humano, Dios debe tener una respuesta para quienes padecen y mueren. Dios, por tanto, como puerta abierta a la reconciliación de la Historia.

La idea partió, aún bosquejada,  de Emmanuel Kant. El filósofo alemán diseñó un sistema moral, terriblemente exigente, en la que el hombre, siempre digno de respeto por su capacidad de elección como ser racional, por su condición de libre en definitiva, debía elegir sus propias normas morales, su propia Ética. La moral debía ser auto-impuesta, autónoma,  por contraposición a la heteronomía tradicional de las religiones, y una vez auto-impuestas tales normas o reglas del actuar prácticos, seguirlas siempre, nos ocasionaran placer o displacer, con independencia de nuestros motivos y deseos.

Un sistema, como decía, terriblemente duro en la que no intervenía la figura de Dios ni ninguna Revelación. Tras establecer este sistema, Kant propugnó, como postulado, como ideal, la necesidad de que el cumplimiento de tales normas auto-impuestas, que era lo que hacían al hombre virtuoso, tuvieran algún tipo de reconocimiento para que fueran verdaderamente perfectas, pues no hay normas reales sin sanción o premio.  Y ahí, como garante último de la justicia y del comportamiento ético, pero sólo como postulado, introduce la figura de Dios, quien reconocerá el mérito y la virtud.

Ya en el siglo XX, tras la experiencia de los campos de exterminio, dos filósofos alemanes escribieron un famoso libro, La Dialéctica de la Ilustración, en la que constataban la traición que había representado el sueño de la Ilustración, de la razón humana. Por un lado llevaba a los procesos industriales de aniquilación humana, los lägers nazis, por otros a la Dictadura del proletariado o a la Dictadura del mercado. El anhelo del Totalmente Otro dejaba abierta también la puerta a un Dios mesiánico y reparador.

Ya en la segunda mitad del siglo XX, otro filósofo, también judío, pero de expresión francesa, Emmanuel Levinas,  parte asimismo de la crítica a la razón humana, opresora y sacrificial (que vive matando a sus víctimas) y a un Dios cósmico y social, desentendido, un mero relojero o arquitecto, e identifica a Dios no como Totalidad, sino como Infinito en el rostro del huérfano y de la viuda, del extranjero y del pobre.

Nuestra vida es terriblemente injusta. El mundo, definitivamente, parece mal hecho. Hay víctimas, de catástrofes naturales, de la maldad humana. Los tontos, los deformes, los que no han tenido oportunidades o los que habiéndolas tenido las han desaprovechado irremediable y trágicamente. La madre que pierde al hijo y viceversa, la vida truncada, la enfermedad silente, una permanente espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Lo normal no es que la vida vaya bien; sólo conjurándose extrañas improbabilidades conseguimos llegar ilesos a un fin natural.

Y es que la postulación de Dios como gran reconciliador atañe no sólo a los virtuosos, para que tengan recompensa, y a las víctimas de toda laya que han existido y existirán, sino a cada uno de nosotros, incluyendo a los malvados, a los asesinos. Vivir, en la medida de nuestras posibilidades, en nuestro ámbito de libertad, hace nuestra experiencia irrepetible. Algo se pierde en el mundo cada vez que uno de nosotros morimos y si se acepta en sí mismo ese hecho es sencillamente atroz. El robot de Blade Runner que agoniza, lo expresa como pocos:

He visto naves arder en la Constelación de Orion… Todo se perderá conmigo.

La experiencia individual forma un conjunto irrepetible, algo precioso en sí mismo y por eso podemos y quizá debamos postular algo que restaure la profunda injusticia de la muerte segura de cada uno de nosotros, como víctimas, todos y cada uno, de una injusticia.

Visto así, parece claro que la Masonería, concebida en términos de Humanidad, no puede proporcionar absolutamente ninguna dirección, instrucción, lección sobre la Reconciliación de la Historia. No tiene capacidad soteriológica, de salvación por sí misma; no proporciona caminos de acceso a ninguna divinidad, circunscribe su acción a lo humano, lo a veces demasiado humano; no es gnóstica, como sostenía Walton Hannah en su Oscuridad Revelada, y sólo mediatamente, interesándose por lo humano, constituye una de las cosas que merecerían ser conservadas al final de los tiempos.

 

 

Or.·. de Vitoria-Gasteiz. 15 de Marzo de 2014 (e.·. v.·.)

 

 

 

 

 

 

Entrevista a Iñaki Zuloaga

Son muchas las entrevistas a Masones que se pueden encontrar en los medios, tanto en papel como digitales. Pero son pocas las que se salen de los tópicos.

En esta, publicada en la revista Stylo, suplemento bimestral del Diario de Noticias de Gipuzkoa, en el mes de marzo, el Hermano Iñaki Zuloaga, actual Venerable Maestro de la R.·.L.·. Altuna de Donostia, nos habla de… Leerlo vosotros mismos.

Por cierto, estaba dirigida a profanos y así se adornó. En las fotos que se le hicieron, una de ellas portada, no salió ni un mandil, ni un collar, ni un guante…

IÑAKI ZULOAGA, EMPRESARIO, JELTZALE Y MASÓN


“La masonería tiene una dimensión sobre el ser
tremenda, trabaja por su mejora material,
intelectual y moral”

De ella sabemos más bien poco. Siempre ha estado rodeada de misterio y secretismo. La masonería es uno de esos enigmas que despiertan la curiosidad de cualquiera. Incluida la de quien escribe estas líneas. Las ganas de conocer la verdad, de descubrir qué hay de mito y qué de realidad en todo este asunto, nos han llevado a conocer a este eibarrés, Iñaki Zuloaga, que lo tiene todo para ocupar estas cinco páginas (una más de lo normal): es empresario, militante del PNV y masón. Preste atención, nada de lo que lea aquí le dejará indiferente.

Texto: Ane Muñoz / Fotos. Esti Veintemillas

Convénzame de que la masonería no es un anacronismo.

Una cosa anacrónica es una cosa que está fuera de su tiempo, ¿verdad? Bueno, pues yo creo que el perseguir el perfeccionamiento de una persona nunca está fuera de tiempo. Estaba de actualidad hace 300 años, cuando empezó la masonería, y creo que todavía lo va a estar más en el futuro. Porque estamos asistiendo al nacimiento de una era tecnológica y la tecnología es muy fría; realmente despoja a las personas de muchas cosas: de las relaciones, de los entornos… Y así, el ser humano se va a sentir en el futuro todavía más solo. Con lo cual, esta metáfora que plantea la masonería creo que va a ser mucho más actual en el futuro de lo que es en el presente y de lo que fue en el pasado.

Hábleme de la masonería en Euskadi.

La masonería en Euskadi, y en todo el Estado, ha sido siempre débil. Ha estado muy perseguida, fue utilizada de manera propagandística por el régimen anterior, echando sobre ella muchísima basura y por eso, ha sido considerada como algo funesto en el Estado, y en Euskadi todavía un poco más. Porque la masonería ha sido siempre una proposición de liberalismo, su divisa es “Libertad, igualdad y fraternidad”, un lema que después adoptaron las revoluciones liberales del siglo XIX. Y por tanto, al asociarse aún Euskadi a la causa del Carlismo, el daño ha sido aún mayor. Porque el Carlismo y la masonería son antagónicos, precisamente porque la masonería está por la libertad y contra los absolutismos. Así que el daño aquí ha sido mayor. Luego, después de la restauración democrática del año 77, la masonería empezó tímidamente a reconstruirse, sobre todo ya a finales de los años 80 y hoy por hoy, hay una pequeña realidad tangible de logias en todas las capitales de Euskadi, pero todavía es un fenómeno incipiente.

Concretando más: cómo encaja la masonería en el PNV.

La masonería no tiene problemas de credo político. Bueno, está reñida con los fascismos, los totalitarismos o las ideas políticas que niegan la libertad. Pero en general, con todas las ideas políticas que nacen del liberalismo, de la pluralidad de los partidos, de los estados democráticos y de los imperios de la ley, la masonería no tiene absolutamente ningún problema. De hecho, en nuestra logia hay gente de exactamente todo el arco político, y cuando digo “de todo” es “de todo”. La masonería no se mete con esas cosas, lo que sí pide es que la gente que esté dentro respete la libertad.

Responda a la opinión de Franco sobre el contubernio judeo-masónico-comunista.

El tema del contubernio o de la trama satánica de la masonería que utilizó Franco, ya se ha demostrado históricamente que es completamente falsa. Uno de los jesuitas que mejor conoce la masonería, José Antonio Ferrer Benimeli, de la Cátedra de Masonería de la Universidad de Zaragoza, lo explica en su libro “Del satanismo al escándalo de la logia P2”. Ahí cuenta cómo se gestó el problema de la leyenda satánica de la masonería, que viene nada menos que de la III. República francesa. El Gobierno de la III. República era íntegramente masón y fueron los que instauraron la enseñanza laica en Francia, cosa que no gustó nada a la Iglesia Católica, que hasta entonces ostentaba ese monopolio. En ese contexto de guerra Iglesia-Masonería por la educación, aparece un individuo: Léo Taxil, que hoy sería un magnate de la mass media, porque que era capaz de vender periódicos con temas escandalosos. Pues bien, Léo Taxil fue primero masón y después acudió al Papa León XIII para hacerse perdonar y puso su pluma su servicio. Así que empezó a escribir una serie de relatos en su periódico sobre la abuela del anticristo, su relación con la masonería y todo eso causó un furor tremendo. Aunque luego, en una rueda de prensa lo desmintió todo y fue un verdadero escándalo. Y todo esto fue lo que Franco utilizó para atacar a la masonería por un motivo: porque la masonería tuvo un enorme poder político en la República. Hubo 10 presidentes masones desde la revolución de 1868, “La Gloriosa”, hasta la II. República. Azaña, Martinez Barrio, Segismundo Moret, Sagasta, Prim… Todos ellos fueron masones y por tanto liberales, y crearon gobiernos liberales. Así que la masonería era para los reaccionarios el enemigo, porque los masones eran reductos de libertad que se oponían al fascismo y al autoritarismo.

Explique cómo nace esa relación entre la masonería y el liberalismo.

Ya he comentado antes que el trilema de la masonería es “Libertad, igualdad y fraternidad” y que fue tomado por las revoluciones liberales. Sin embargo, la gente cree erróneamente que la primera revolución liberal fue la francesa, y no es así. La primera revolución del mundo fue la americana, en la que se creó la primera república democrática: la Republica Federal de los Estados Unidos de América. Y en ella todos son masones: Washington, John Adams, Benjamin Franklin, la mitad de los que firman la declaración de la independencia, los que realizaron la famosa acción del tea party… Todos ellos eran masones. Ese fue un tiempo fascinante. Yo personalmente escribí una novela que se titula “Los hijos del Gran Arquitecto” y que narra toda esa lucha por la libertad. No nos olvidemos que los seres humanos durante 5000 años o más estuvieron dominados, o bien por las élites nobiliarias o por las eclesiástica, y que el pueblo jamás tuvo nada que hacer. Y de repente, con las revoluciones liberales, el pueblo dice: “el poder es nuestro”. Y lo ejerce a través del sufragio universal y del parlamentarismo. Y de ahí nacen los estados modernos y los imperios de la ley. Y ese es el fantástico legado de la primera revolución liberal y el primera estado liberal: La República Federal de los Estados Unidos.

Vaya con Estados Unidos…

Es una historia fascinante, y de hecho si escarbas un poquito verás hasta qué punto la masonería inspiró la revolución liberal. Washington por ejemplo es una ciudad diseñada completamente con formas simbólicas masónicas. El propio billete de un dólar está plagado de símbolos masónicos. Hasta en la serie “Los Simpson” puedes escuchar como algún personaje le dice a otro “No, no viene, está en la logia”. En Estados Unidos la pertenencia a la masonería ni se menciona, para ellos es algo normal, forma parte de su cultura porque desde el inicio, el estado democrático, fue inspirado por los masones. Fue el primer experimento político del liberalismo inspirado por el trilema de los masones. Hoy ya hablaríamos de otra cosa. Hoy tira por otros caminos, pero así fue el 4 de julio de 1776, cuando se declaró su independencia.

¿Cómo y por qué entró usted dentro de la masonería?

Yo entré por muchas razones, pero sobre todo, y voy a ser sincero, porque tenía una curiosidad tremenda. “Qué harán estos tíos, que son el perejil de todas las salsas; la Iglesia les tiene medio excomulgados, Franco dice que son nosequé, otros que son los amigos de Lucifer, otro que manejan el mundo…”, pensaba. Era una inquietud que tuve de siempre, pero no conseguía contactar con ellos, no había manera. No es como ahora, que tenemos páginas webs en cinco idiomas a las que cualquier persona puede acceder. En los años 80 no conseguí establecer contacto, pero a principios de los 90 pasó algo. Estaba cenando con un amigo, concretamente en Orio, y hablando, charlando de las ideas, salió el tema de la masonería y yo le transmití mi gran interés en conocerla. Y de pronto, me dijo: “Pues si quieres, yo te pongo en contacto”. ¡Concho! Me dio hasta una sacudida. Y fue así como entré en contacto con la logia Manuel Iradier, en Álava, donde me inicié el mismo día de mi cumpleaños biológico. Porque, como sabrás, la masonería tiene una vertiente iniciática: te inicias en un camino diferente para recorrer la vida.

Y esa es la otra dimensión de la masonería, la personal.

La masonería tiene una dimensión sobre el ser tremenda. La metáfora masónica al respecto es además bellísima: somos piedras brutas que sometidas a las herramientas de los masones, de los canteros, se pueden convertir en piedras cúbicas con las que crear la catedral de la humanidad, una humanidad mejor. De ahí viene toda la simbología de la escuadra, el compás… La masonería siempre trabaja por la mejora material, intelectual y moral del ser humano. Y a través de ese simbolismo, de las herramientas que se te van dando, vas trabajando diferentes partes de ti mismo, vas mejorando personalmente. Porque el objetivo es mejorarse a uno mismo para transmitírselo a la sociedad. Y luego, otra cosa fundamental de la masonería, es que no tiene metas, simplemente busca la forma de ir recorriendo y recorriendo el camino.

Hablemos ahora de la logia Altuna 52.

Altuna 52Dentro de la Gran Logia Simbólica, en Euskadi sólo estaba la logia Manuel Iradier. Así que empezamos trabajando ahí y poco a poco, nos fuimos juntando cada vez más gente de Gipuzkoa. Y un día, a finales de los años 90, decidimos poner en marcha una logia en Donostia. Investigamos el pasado de la masonería donostiarra y encontramos una logia fascinante, de la República, que se llamaba Altuna 15, cuya sede estaba en el sótano de una villa de Miraconcha que aún existe: Villa Evangélica. Su fundador fue un pastor anglicano, Elías Marques, y los miembros de la logia era gente muy curiosa: muchos alemanes que vivían en Donostia y que crearon aquí grandes industrias, el director del Observatorio de Igeldo… En fin, gente muy curiosa. Así que decidimos que en vez de crear una logia nueva, lo que haríamos sería tratar de rescatar la memoria de ésta, que fue cerrada violentamente por las tropas de franco en 1936. Todos sus miembros tuvieron que huir, muchos fueron detenidos, algunos condenados a muerte, otros a realizar trabajosos forzosos y algunos consiguieron exiliarse. Así que nuestra labor es recuperar la memoria de esta logia, indagar quiénes fueron sus miembros, contactar con sus familiares y recuperar toda la información que se pueda. De ahí el nombre que escogimos: Altuna 52. Y estamos ya descubriendo cosas espectaculares, muy emocionantes, sobre la vida de algunas de esas personas que lograron escapar. Hemos conseguido contactar incluso con familiares, y eso proporciona una emoción enorme. Porque con esta gente el franquismo se pasó muchísimo.

O sea, es la recuperación de la memoria histórica.

Yo personalmente soy un gran trabajador de la memoria histórica, también dentro de mi partido. No se le puede dejar a la gente olvidada de esta manera, sepultada por cantidad de basura propagandística. Y ahora mismo se tiende a decir que fueron cosas de la guerra, pero eso es una mentira enorme. La guerra fue la guerra, pero la brutal represión de Franco, no lo fue. La guerra termina en el año 1939, y sin embargo la ley bajo la cual Franco asesinó a tanta gente es una ley de septiembre de 1940 denominada “Ley de represión de la masonería y el comunismo”. Y esa es la ley de la venganza, con la que se acabó con la vida de miles y miles de personas, ya acabada la guerra. No hay ninguna magnanimidad por parte del vencedor.

¿Qué pinta la finalidad de la masonería con los ritos que todavía mantienen?

El rito es un aspecto esencial, nos señala el modo de hacer y de decir las cosas y mantiene el orden de nuestros procesos. Es un manual de procedimientos en nuestras reuniones y por tanto, un elemento congregador y que reordena la actividad del taller. Nosotros a la logia le llamamos al taller porque ahí vamos a trabajar. El rito además contiene el simbolismo asociado al método y nos proporciona el conjunto de elementos que nos inducen a la reflexión. Ese es el valor de los rituales. No tiene otro fin. Pero es importante.

¿Y como son esos ritos? ¿Se puede contar?

Mira, te voy a decir una cosa. Antes te arriesgabas a que te echasen si decías algo, pero ahora está más relajado, porque seguramente en Internet puedes encontrar todos los ritos. Nosotros practicamos un rito, hay cientos de ellos, y el nuestro es el escocés antiguo y aceptado. ¿Se puede contar cómo es? Bueno, los ritos constan de una apertura en la que se recuerdan los principios fundamentales de nuestra simbología. Empezamos con el oriente, el más importante, porque es desde donde nace la luz y nosotros somos hijos de la ilustración. Por tanto, la luz es importantísima en el rito y ahí es donde se sienta el venerable maestro. Después se recrea la simbología de la logia, vamos entrando en el ambiente masónico y una vez abierta, entramos en el periodo de los trabajos, en los que tratamos primero los asuntos de familia y después los trabajos de arquitectura, donde la gente lee las planchas, o las reflexiones asignadas, de forma muy ritualizada. Por eso la masonería es muy formativa. Tú por ejemplo jamás verás a un masón discutiendo como uno de estos que sale en Telecinco. Se aprende a seguir un orden, a respetar a los demás y por último a expresarte ante tus “hermanos”. Y someterte a sus preguntas. Pasado ese tronco central de trabajo, viene la clausura, donde vamos cerrando los símbolos y nos vamos despidiendo de ellos. Eso es el ritual, el nuestro. Pero hay otros rituales muy curiosos, como el de Memphis Misraim, que tiene un simbolismo egipcio abrumador.

¿Se hacen en euskera?

Este es otro de los aspectos fundamentales de Altuna 52. Tras el divorcio Carlismo masonería, parece que la masonería asociada al liberalismo estaba completamente reñida con el euskera y era verdad. En ninguna de estas logias se ha hablado nunca euskera y en general no era gente del extracto euskaldun. Esto cambió completamente en Altuna 52 y precisamente hemos querido saltar esa brecha histórica. Hace cuatros años, en el décimo Aniversario de la logia, hicimos la primera tenida que se ha hecho en la historia íntegramente en euskera, con todos los manuales, los rituales, los intervinientes, íntegramente en euskera. La gente se emocionó mucho porque realmente sentimos que dábamos ese salto donde se acaba esa especie de enemistad entre el euskera, y esta forma de entender la vida que es la masonería. Hoy tenemos el manual escrito en las tres lenguas que se hablan en Euskal Herria: euskera, francés y castellano.

Como puede usted ver, yo soy una mujer, ¿podría entrar en la masonería?

Tú podrías ser parte de algunas logias. Nuestro gran conflicto con la masonería regular es que no entendemos cómo se puede dejar al 50% de la humanidad fuera de algo que invoca la fraternidad y la igualdad. Ellos apelan a la tradición. Y a mi esta cosa que tiene el ser humano con la tradición, me choca. Pero, ¡ojo! que aquí al lado tenemos lo del Alarde de Irun. No hay que ir muy lejos para encontrarse con estas interpretaciones dogmáticas de la tradición. En la masonería hay gente que piensa así: que tradicionalmente la mujer no estuvo porque era un mueble, y aunque ahora ya no lo sea, no le dejan entrar. Bien, ¿contra eso qué puedes hacer? Pues practicar una masonería diferente, que es lo que hacemos nosotros. Nosotros practicamos lo que se llama la triple opción: masculina, femenina o mixta. Y bueno, no tenemos ningún problema. Y no sé, creo que tarde o temprano, alguien se pondrá las pilas con esto entre los que no permiten. Es un anacronismo tremendo

La masonería ha cambiado gobiernos, ha influido poderosamente en la política internacional… ¿Sigue siendo la masonería un poder fáctico?

Bien. Creo que la masonería tiene mucha influencia. En EEUU desde luego, y en Europa también. En Inglaterra es el hermano de la reina el Gran Maestre de la Masonería, cómo no va a tener influencia. Miembros muy ilustres de la sociedad inglesa son masones. En Italia, también es un gran honor ser Mason. Pero fíjate qué ocurrió con el escándalo de la logia Propaganda 2. Si tu en una ceremonia juntas a cuatro ministros, al jefe de las fuerzas armadas, a los tres banqueros más importantes del país, a dos cardenales… Ahí la tentación de usar mal el poder es tremenda. Y es lo que pasó y sin embargo, todos fueron a la cárcel. Y ahí se demostró que hasta la gente que está en las alturas, no goza de impunidad. Así que, ¿tiene la masonería influencia? Pues sí, yo creo que la tiene. Ahora, ¿es un poder que actúa a las espaldas? Yo creo que no.

AMAR

Fragmentos de planchas.
Así es como un Hermano de nuestra Logia ve el simbolismo en el AMOR.:

Rodin_beso

Apartando los metales de mis pensamientos, sin trajes que ocultasen mis mentiras, sin títulos que apoyasen mis palabras, sin adornos que acreditasen mis triunfos, sin dobleces, sin sombras, sin otra luz que sus ojos, desnudo, entré en el templo.

Su templo, ese espacio donde quería desarrollar el trabajo de los trabajos: Amar. Amar guiado por las luces que componían sus ojos hacia sus labios. Sus labios, lugar de iniciación para mis sueños.

En la yema de sus dedos encontré la fuerza que durante tiempo busqué titubeante, la belleza que con sus caricias hacía cambiar la forma de las cosas impregnándolas de un aroma distinto, inconfundible, duradero. Encontré la sabiduría de buscarme.

Ocupé mi lugar como aprendiz que era, y me presté a atender a mis sentidos. Maestros guardianes del templo movieron mis manos, mis dedos, mis labios.
 …
Nuestros cuerpos entendieron la libertad de sentir, la igualdad de ser, la fraternidad de compartir

El deseo anhelaba escribir versos con mis labios en su piel.

AMAR.