Queridos Hermanos Masones

Varios Papas a través de sus encíclicas, desde el 1738, han condenado a los masones. Y así ha ido quedando reflejado en el Código de Derecho Canónico.

Ravasi_0El Cardenal Gianfranco Ravasi ha publicado hace unos días un artículo en Il Sole 24 Ore en el que invita al diálogo de la Iglesia Católica con la Masonería con el sugerente título de Cari fratelli masoni, el cual ha sido compartido en internet por nuestros Hermanos del Gran Oriente de Italia y que un hermano de nuestro taller ha traducido.

 

Il Sole 24 Ore    (Dominical – 14/02/2016 – pag. 29) 

La Iglesia & la Logia

Queridos Hermanos Masones

 

Más allá de las diferentes identidades, no faltan los valores comunes; comunitarismo, beneficencia y lucha contra el materialismo.

By Gianfranco Ravasi

Leía hace algún tiempo en una revista americana que la bibliografía internacional sobre la masonería supera los cien mil títulos. A este interés contribuye, ciertamente, el aura de secretismo y de misterio que, con más o menos razón, envuelve en una suerte de niebla a las diferentes “obediencias” y “ritos” masónicos, por no hablar además de su misma génesis que, según la historiadora Frances Yates, “es uno de los problemas más discutidos y discutibles en todo el campo de la investigación histórica” (curiosamente, el ensayo de esta estudiosa estaba dedicado al iluminismo de los Rosacruces, traducido por Einaudi en 1976). No queremos, obviamente, adentrarnos en este piélago de “logias”, de “orientes”, de “artes”, de “afiliaciones” y de denominaciones, cuya historia está a menudo enredada -para bien y para mal- con la política de muchas naciones (pienso, por ejemplo, en Uruguay, donde he participado recientemente en varios diálogos con representantes de la sociedad y de la cultura de tradición masónica), así como no es posible trazar lineas de demarcación entre la auténtica, la falsa, la degenerada o la para-masonería, así como los diferentes círculos esotéricos o teosóficos.

Arduo resulta también dibujar un mapa que represente un universo tan fragmentado, por lo cual tal vez se puede hablar de un horizonte y de un método, más que de un sistema doctrinal codificado. Dentro de este espacio fluido se encuentran algunos espacios  suficientemente delimitados, como una antropología basada sobre la libertad de conciencia y de intelecto y sobre la igualdad de derechos, así como un deísmo que reconoce la existencia de Dios, dejando sin embargo inconcreta la definición de su identidad. Antropocentrismo y espiritualidad son, por lo tanto, dos caminos suficientemente marcados en un mapa muy variable e inconcreto que no somos capaces de esbozar de manera rigurosa.

Nosotros, no obstante, nos contentamos con señalar un interesanteconstitutions opúsculo que tiene un objetivo muy concreto, el de definir la relación entre la Masonería y la Iglesia católica: Entendámonos; no se trata de un análisis histórico de esta relación ni de las eventuales contaminaciones entre estos dos sujetos. Es, de hecho, evidente que la masonería ha asumido modelos cristianos incluso a nivel litúrgico. No se debe olvidar, por ejemplo, que en el siglo XVII muchas logias inglesas reclutaban miembros y maestros entre el clero anglicano, tanto es así que una de las primeras y fundamentales “constituciones” masónicas fue redactada por el pastor presbiteriano James Anderson, muerto en 1739. En ella, entre otras cosas, se afirmaba que “un adepto no será nunca un ateo estúpido ni un libertino irreligioso”, incluso si el credo propuesto era, al final, el más difuso posible “aquel que corresponde a una religión sobre la que todos los hombres están de acuerdo”.

Actualmente, la oscilación de los contactos entre Iglesia católica y masonería ha tenido  movimientos muy variados llegando a una hostilidad evidenciada de una parte por el anticlericalismo y de otra parte por la excomunión. De hecho, el 28 de abril de 1738 , el papa Clemente XII, el florentino Lorenzo Corsini, promulgaba el primer documento explícito sobre la masonería, la encíclica apostólica In eminenti apostolatus specula, en la cual declaraba “se debe condenar y prohibir…dichas Sociedades, Uniones, Reuniones, Asambleas, Congregaciones o Conventículos de Francmasones o cualquier otro nombre con el que den en llamarse”. Una condena reiterada por los sucesivos pontífices, desde Benedicto XIV hasta Pío IX y León XIII, que afirmaba la incompatibilidad entre la pertenencia a la Iglesia católica y la obediencia masónica, Lapidario era el Código de Derecho Canónico de 1917, cuyo canon 2335 rezaba: “Quien se inscribe en la secta masónica o en otras asociaciones del mismo tipo que conspiran contra la Iglesia católica o contra las legítimas autoridades civiles, incurren ipso-facto en la excomunión reservada expresamente por la Santa Sede”.

codexEl nuevo código de 1983 suavizó la fórmula, evitando la referencia explícita a la masonería, conservando la esencia de la pena orientada en un sentido más genérico hacia “quien da nombre a una asociación que conspira contra la Iglesia” (cánon 1374). Pero el texto eclesiástico más articulado  sobre la inconciliabilidad entre la adhesión a  la Iglesia católica y a la masonería es la Declaratio de associationibus massonicis emanada de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe el 26 de noviembre de 1983 con la firma del Prefecto de entonces, el Cardenal Joseph Ratzinger. Esta precisaba puntualmente el valor del aserto del nuevo Código de Derecho Canónico corroborando que permanecía “inmutable el juicio de la Iglesia en lo referente a las asociaciones masónicas porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por ello la inscripción en ellas permanece prohibida”.

El opúsculo al que ahora hacemos referencia es interesante porque incluye – más allá de una introducción del actual Prefecto de la Congregación, el cardenal Gerhard Müller – dos artículos comentando esta Declaratio publicada entonces por el “Osservatore Romano” y por la “Civiltà Cattolica” así como dos documentos de otros tantos obispados locales, la Conferencia episcopal alemana (1980) y la de Filipinas (2003). Se trata de textos significativos porque afrontan las razones teóricas y prácticas  de la inconciliabilidad entre masonería y catolicismo, como los conceptos de verdad, de religión, de Dios, del hombre y del mundo, la espiritualidad, la ética, la ritualidad, la tolerancia. En particular es significativo el método adoptado por los obispos filipinos, que articulan su discurso por medio de tres trayectorias; la histórica, otra más especificamente doctrinal y  la que emana de las orientaciones pastorales. Todo se desglosa según el estilo catequético en base a preguntas y respuestas: estas son 47 y permiten entrar también en detalles como la ceremonia de iniciación, los símbolos, el uso de la Biblia, la relación con las otras religiones, el juramento de fraternidad, los grados jerárquicos y todo lo demás.

Estas declaraciones de incompatibilidad entre la pertenencia a la Iglesia y a la masonería no impiden, sin embargo, el diálogo, como se afirma explícitamente en el documento de los obispos alemanes que ya entonces enunciaban ámbitos específicos de comparación, como la dimensión comunitaria, la beneficencia, la lucha contra el materialismo, la dignidad humana, el conocimiento recíproco. Se debe, además, superar la actitud de ciertos sectores integristas católicos que – para atacar a algunos representantes jerárquicos de la Iglesia que no son de su agrado – recurren a acusarles de pertenencia a la masonería.

En conclusión, como escribían ya los obispos alemanes, es necesario ir más allá de “la hostilidad, el ultraje, el prejuicio” recíprocos, porque “respecto a los siglos pasados, hemos cambiado y mejorado el tono, el nivel y el modo de manifestar las diferencias, que permanecen claramente.